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Ser Justiniana

Las justinianas, un legado contemplativo de cinco siglos que
"encierra la felicidad plena"

“Hemos de liberarnos de todo afán de buscar seguridades en las cosas de este mundo”, expone la abadesa del Monasterio de la Inmaculada de Onil a Vida Nueva

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Pocas comunidades de vida contemplativa tienen una herencia viva en nuestro país como las justinianas. La Orden de Justinianas Canónigas Regulares, fundada por san Lorenzo Justiniano -el que fuera primer patriarca de Venecia-, tiene presencia ininterrumpida en España desde 1490. Cuentan con tres monasterios en Murcia, Alicante y Cuenca, al que se une otra casa en Arequipa (Perú). La madre Encarnación Más Bonet, abadesa del Monasterio de la Inmaculada de la localidad alicantina de Onil, abre las puertas de la clausura a Vida Nueva para compartir cómo su forma de vida es una apuesta por “la entrega y fidelidad testimoniando el absoluto de Dios”.

PREGUNTA.-¿Qué pinta hoy una religiosa justiniana en clausura en medio de un mundo frenético que valora más el producir que el ser?

RESPUESTA.- Es un signo de la presencia de Dios que manifiesta al mundo que el encarnar en la propia vida el Evangelio (“buscad el Reino de Dios y lo demás se os dará por añadidura”) encierra la felicidad plena que todo corazón humano anhela, y libera de todo afán de buscar seguridades en las cosas de este mundo.

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La madre Encarnación Más Bonet, abadesa del Monasterio de la Inmaculada de la localidad alicantina de Onil

P.- ¿Cómo ha pasado la pandemia por su comunidad, tanto en lo sanitario como en lo económico, que supongo que también ha hecho mella?

R.- Aunque no lo hemos vivido en forma directa porque no ha entrado en nuestra Comunidad, nos hemos sentido muy cercanas al sufrimiento de todos y eso nos ha llevado a rezar más por esa situación. En ese sentido, nos sentimos muy identificadas con el lema de la Jornada Pro Orantibus de este año: “La vida contemplativa, cerca de Dios y del dolor del mundo”. Y en lo económico, nos tocó hacer muchos “Detentes”, ya que eran muchos los pedidos que nos hacían y en lo que la gente confiaba, en ese escudo del Sagrado Corazón de Jesús, que también es un apostolado.

P.- ¿Siente que el impacto del coronavirus en la vida de la gente supondrá un resurgir de la interioridad o reafirmará aún más a quienes consideran que Dios no existe?

R.- Considero que ambas realidades se dan en nuestro entorno, según la disponibilidad de cada persona. No obstante, lo que sí creo que ha impactado fuertemente a todos del covid19 es que nos ha hecho presente la realidad de la muerte y, ante esto, todo hombre tiene una pregunta que hacerse sobre el sentido de su vida y la presencia de Dios en el mundo.

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P.- Su vida es artesanía al doscientos por cien, no solo porque el ‘ora’ de su día a día es propio de quienes miman cada minuto de la jornada, sino también por su ‘labora’ dedicado al bordado. ¿Esta vida ‘low cost’ -bajo coste- que impera también les ha pasado factura en la disminución de encargos?

R.- En el trabajo de bordados que realizamos (estolas, palias, corporales, purificadores, mantos para las imágenes…), gracias a la providencia de Dios, no hemos notado variación en cuestión de pedidos. Con nuestro trabajo artesanal nos gusta pensar que ayudamos a embellecer la liturgia y a que otros tejan relaciones de vida y santidad.

 

P.- Si tuviera delante a una joven que está planteándose su lugar en el mundo, ¿por qué le invitaría a dejarse interpelar para ser justiniana en lugar de arquitecta o médico?

 

R.- Porque al interpelarla a ser justiniana, dentro del abanico de vocaciones, sería una invitación a que dentro de su proyecto de vida también cuente el de Dios, y a fundamentar su vida en Él. Y, desde ahí, descubrir el camino y el sueño de Dios para ella.

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P.- La vida consagrada europea y, especialmente la contemplativa, sufre un déficit de vocaciones y relevo generacional que hay quien identifica con el principio del fin de un modo de vida. ¿Cómo lograr mirarlo como el principio de algo nuevo?

R.- Toda crisis es una oportunidad y tiene un nuevo amanecer, por lo que hay que vivirlo con fe y esperanza. Ciertamente, en nuestra comunidad ambas situaciones forman parte de nuestra experiencia, y lo nuevo y bueno que se da es el enriquecimiento desde la propia experiencia de cada una, lo cual ya no sería visto como el principio del fin de un modo de vida, sino como la ocasión para vivir una vida de entrega y fidelidad testimoniando el absoluto de Dios.

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